Vuelta a enero 12, 2009... Bitcoin era básicamente un experimento científico.
Ese día, Satoshi Nakamoto envió la primera transacción de Bitcoin jamás realizada a un desarrollador llamado Hal Finney. Sin alharaca. Sin gráficos de precios. Sin Twitter. Solo dos tipos probando código.
Lo increíble es que Hal ni siquiera sabía quién era realmente Satoshi. Más adelante, Finney dijo que la identidad de Satoshi era un misterio total. A partir de sus correos electrónicos, adivinó que Satoshi podría ser un joven japonés muy inteligente, muy tranquilo y muy sincero. Y eso era todo. Sin rostro. Sin nombre. Solo ideas.
Ahora, aquí viene la parte loca.
Avancemos hasta 2014, Hal miró hacia atrás y habló sobre esos primeros días. Bitcoin aún era muy experimental. La dificultad de minería era una. Podías minar Bitcoin en una computadora doméstica normal. Sin GPUs. Sin ASICs. Solo una CPU común.
Hal minó unas cuantas bloques... y luego apagó su computadora.
¿Por qué?
Porque se estaba calentando. El ventilador era ruidoso. Eso era todo.
Sin broma, la apagó porque era molesto.
En aquel momento, nadie sabía a qué llegaría Bitcoin. Ni Satoshi. Ni Hal. Ni nadie. No era "oro digital". No era un activo de billones de dólares. Era simplemente una idea... funcionando en silencio en una computadora ruidosa.
Y eso es lo que hace tan poderoso este momento.
Bitcoin no comenzó con alharaca. No comenzó con grandes cantidades de dinero. Comenzó con curiosidad, experimentación e incertidumbre.