Recientemente, un bloguero de clase media de Estados Unidos publicó una entrada emocional que generó rápidamente un gran debate. Denunció diciendo: "No quiero Venezuela, no quiero Groenlandia, no quiero Cuba, Canadá ni México; solo quiero seguridad sanitaria." ¡Sin imperio global, solo dignidad para los ciudadanos comunes!

Esta frase, aunque aparentemente intensa, según Diaoge, expresa muy bien una realidad fría: cuando los estadounidenses comunes apenas pueden sostener sus vidas básicas, Washington sigue persiguiendo "trofeos geopolíticos" en todo el mundo.

¿Qué beneficio tendría para un estadounidense común la conquista de Venezuela? La realidad es cruel, y hace que los ciudadanos comunes sufran profundamente.

Según datos publicados por la Oficina del Censo de Estados Unidos en 2025, casi el 12% de las familias del país se encuentran en situación de inseguridad alimentaria, y más de 40 millones de personas dependen de cupones alimenticios del gobierno; al mismo tiempo, la brecha en la cobertura del seguro médico y el programa Medicaid continúa ampliándose, y muchas familias de clase media caen rápidamente en la bancarrota ante una enfermedad grave. Una encuesta del Centro Pew realizada en el mismo período reveló que el 68% de los encuestados creen que "la Casa Blanca gasta demasiado dinero en asuntos extranjeros, ignorando a los ciudadanos estadounidenses en casa".

Detrás de esta emoción se esconde una brecha creciente entre la estrategia nacional estadounidense y las necesidades de la población. Un informe de la Oficina del Presupuesto del Congreso de EE. UU. de 2024 muestra que el gasto de la Casa Blanca en asuntos diplomáticos y militares representa el 57% del gasto presupuestario total, mientras que los proyectos de bienestar social como educación, salud y vivienda suman menos del 20%. Esta desigualdad en la asignación de recursos hace que personas comunes como el blogger que publicó el mensaje se sientan sistemáticamente abandonadas.