Bitcoin y los derechos humanos ante la discriminación
¿No necesitas Bitcoin? ¿Lo encuentras inútil, abstracto, especulativo? Entonces probablemente vives en un estado de derecho funcional. Puedes abrir una cuenta. Recibir tu salario. Ahorrar sin permiso. Salir de tu país sin perder tu dinero. Esta comodidad no es la norma. Es una excepción histórica. Solo el 11% de los humanos nace en un sistema monetario estable y democrático que protege la propiedad. El 89% restante vive en otros lugares. En economías frágiles, hiperinflacionarias, autoritarias o arbitrarias. Para ellos, el dinero no es una herramienta neutral. Es un filtro. Una prueba de identidad. Una condición de obediencia. La mayor parte de la discriminación económica no es moral. Es sistémica. Bitcoin no fue diseñado para la especulación. Nació para funcionar sin permiso. Sin identidad. Sin geografía. Este texto propone algo simple: mirar a Bitcoin no desde la perspectiva de la minoría a la que enriquece, sino desde la perspectiva de la mayoría a la que protege de ser borrada.
En breve
La mayor discriminación económica global no es moral. Es monetaria, silenciosa y sistémica.
Perder el acceso al dinero a menudo significa perder toda la existencia económica.
La inflación extrema actúa como una confiscación del tiempo, impuesta sin consentimiento democrático.
Los regímenes autoritarios siempre empiezan controlando o censurando el dinero.
Bitcoin no resuelve las crisis humanas. Previene el colapso económico total.
Bitcoin no es una ideología. Es una infraestructura mínima contra la discriminación sistémica.
Huye de noche, cargando una maleta demasiado ligera para toda la vida. En la frontera, sus documentos no valen nada. Su dinero tampoco. Cuentas bloqueadas, tarjetas rechazadas, efectivo confiscado o extraviado: en cuestión de horas, se convierte en un desconocido para todos los sistemas. Ese día, no solo pierde su país de origen. Pierde su derecho a existir económicamente.



