#USIranStandoff La actual confrontación entre EE. UU. e Irán se entiende mejor no como una crisis discreta, sino como un sistema frágil bajo estrés. En los sistemas frágiles, la estabilidad no se erosiona gradualmente. Fallan repentinamente cuando la presión supera umbrales no visibles. Las conversaciones entre EE. UU. e Irán de febrero de 2026 en Omán tienen lugar dentro de una configuración que ha producido repetidamente errores de cálculo. El compromiso diplomático se desarrolla en paralelo con señales militares visibles. Cuando la diplomacia y la postura de fuerza se mueven simultáneamente, los líderes no interpretan las acciones de forma aislada. Las interpretan como intención. Las suposiciones se endurecen rápidamente bajo incertidumbre. El tiempo para la verificación, el debate interno y la respuesta medida se comprime. Incluso cuando ninguna de las partes busca la guerra, esta configuración aumenta la probabilidad de que las acciones rutinarias desencadenen una escalada no intencionada.

Restricción interna de Irán y percepción del régimen

La postura interna de Irán estrecha aún más el corredor para la desescalada controlada. El régimen está operando bajo una amenaza interna aguda. La escala y velocidad de las represiones de enero de 2026 señalan inseguridad en el núcleo del sistema. En estas condiciones, el liderazgo iraní interpreta los movimientos de EE. UU. a través de una lente de supervivencia del régimen. La disuasión parece indistinguible de la preparación para el ataque. Esto no es teórico. Los regímenes frágiles bajo presión asumen una intención hostil, desestiman la tranquilidad y favorecen acciones que preserven la influencia percibida.

Postura de EE. UU. y rigidez en la negociación

La postura de EE. UU. introduce su propia rigidez estructural. Los objetivos de negociación públicos abarcan la capacidad nuclear, los programas de misiles, los apoderados regionales y los derechos humanos. Irán rechaza este alcance de plano. Existe una desalineación antes de que comiencen las negociaciones sustantivas. Cuando la brecha entre los objetivos declarados es amplia, las conversaciones funcionan como mecanismos de preparación en lugar de mecanismos de acuerdo. Al mismo tiempo, las medidas coercitivas combinadas con la diplomacia aumentan el costo político del compromiso. También elevan las expectativas internas de resultados visibles. Esto crea un problema de incentivos. Los líderes gravitan hacia acciones