Es difícil creer que hace apenas unos años, Sam Bankman-Fried fuera aclamado como un genio financiero, un niño prodigio del mundo de las criptomonedas. Como fundador de FTX y Alameda Research, fue un actor clave en el floreciente mercado de las criptomonedas, con un patrimonio neto estimado en 26 mil millones de dólares. Pero ahora, acusado de defraudar a los inversores en su bolsa FTX, ahora en quiebra, está claro que sus verdaderos colores han sido revelados.

Según los fiscales, Bankman-Fried participó en un plan de fraude masivo, saqueando miles de millones de dólares en depósitos de clientes de FTX para respaldar su fondo de cobertura, comprar bienes raíces y hacer millones de dólares en contribuciones políticas. Es una traición impactante a la confianza y está claro que Bankman-Fried no tuvo reparos en utilizar el dinero de sus clientes para su propio beneficio.

Cuando Bankman-Fried se declaró inocente de los cargos en su contra en un tribunal de Nueva York la semana pasada, fue nada menos que ridículo. Las pruebas en su contra son abrumadoras, pero parece creer que puede simplemente negar sus acciones y salir ileso. Es una clara indicación de su total y absoluta falta de remordimiento por el daño que ha causado a sus clientes.

Pero no son sólo los cargos de fraude lo que debe preocupar a Bankman-Fried. También está siendo demandado por la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos y la Comisión de Comercio de Futuros de Materias Primas, y dos de sus asociados más cercanos, Caroline Ellison y Gary Wang, ya se declararon culpables de cargos penales y aceptaron cooperar con los fiscales. Está claro que la red se está acercando a Bankman-Fried, y es sólo cuestión de tiempo antes de que se haga justicia.

Es casi como si Bankman-Fried se viera a sí mismo como una especie de figura de Bernie Madoff o del Lobo de Wall Street, utilizando su carisma e inteligencia para engañar a los inversores desprevenidos. Pero la realidad es que no es más que una versión imitada de estos infames estafadores, que no trae más que vergüenza y desesperación a quienes confiaron en él.