Por lo que he visto, la forma más clara de describir la evolución de internet es esta: Web2 nos dio escala y conveniencia, mientras que Web3 introdujo la idea de propiedad y portabilidad. Pero la verdadera diferencia no son la interfaz de usuario o las palabras de moda. Es quién tiene el poder, quién puede cambiar las reglas y qué puedes llevar contigo cuando te vayas.
En Web2, he notado que el producto a menudo se siente “gratis”, pero el precio se paga en atención y datos. Tu cuenta, tu alcance e incluso tus ingresos pueden estar dentro de la caja de políticas de otra persona. Un cambio de algoritmo puede cortar la visibilidad de la noche a la mañana. Una actualización de cumplimiento puede bloquear cuentas. Una decisión de plataforma puede reescribir lo que significa “permitido”. La incómoda verdad, en mi opinión, es que los usuarios de Web2 rara vez son partes interesadas. Estás participando en un ecosistema, pero no posees las vías sobre las que funciona.