Casi de la noche a la mañana, el ánimo mundial cambió. Estados Unidos, Alemania, Francia, Japón, Australia—uno tras otro—se vieron obligados a aceptar algo que nunca planearon: China ha entrado en una nueva fase de crecimiento acelerado.
La ironía es difícil de ignorar. La barrera tecnológica estadounidense no frenó a China. Al contrario, la impulsó hacia adelante.
Bill Gates advirtió sobre esto hace años. Dijo que China se adaptaría más rápido de lo que nadie esperaba. En aquel momento, Washington lo descartó. Hoy, esa advertencia parece alarmantemente precisa.
La presión empezó a acumularse en 2019.