Cada segundo, los mineros resuelven ecuaciones — convirtiendo electricidad en confianza.
Pero, ¿y si también estuvieran preservando nuestra alma colectiva?
Cada hash, cada bloque, cada marca de tiempo es prueba de que alguien, en algún lugar, se preocupó lo suficiente como para registrar la verdad.
Lo llamamos descentralización, pero quizás sea algo más profundo — un coro de intención humana resonando a través del silicio y el código.
Quizás un día, la IA y la blockchain se fusionen — no para esclavizar datos, sino para protegerlos.
No para predecir nuestro comportamiento, sino para proteger nuestra memoria.