La guerra no se trata solo de Ucrania: se trata de reescribir 1991
Dentro de la élite de seguridad de Rusia, en gran medida moldeada por redes del antiguo KGB, persiste una creencia de larga data: la Unión Soviética no fracasó económicamente; fracasó porque era una unión de repúblicas en lugar de un estado centralizado único.
Desde esta perspectiva, Ucrania no es el único problema. El desafío radica en la existencia de estados independientes que surgieron después de 1991. Después del colapso de la URSS, 15 países se convirtieron en naciones soberanas, incluyendo:
Ucrania, Bielorrusia, Moldavia, Georgia, Armenia, Azerbaiyán
Lituania, Letonia, Estonia
Kazajistán, Uzbekistán, Turkmenistán, Kirguistán, Tayikistán
En la mentalidad del pensamiento imperial ruso, estos estados a menudo se ven no como naciones independientes, sino como anomalías históricas: errores que deben ser corregidos.
Por qué las conversaciones de paz tienen dificultades:
La verdadera paz requiere el reconocimiento de fronteras y soberanía
El revisionismo territorial debe ser abandonado
Estos principios contradicen directamente la base ideológica del sistema ruso actual
Lo que es posible: altos el fuego, pausas tácticas, acuerdos temporales
Lo que no es posible: una paz estratégica duradera que acepte plenamente el orden posterior a 1991
Conclusión:
Este conflicto no se trata de emoción o seguridad a corto plazo. Es un esfuerzo a largo plazo por reescribir los resultados de 1991. Mientras esta cosmovisión domine, la pregunta clave no es si Putin quiere la paz, sino si el sistema mismo puede abandonar las ambiciones imperiales.
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